





Se conoce como a unos de los principales empresarios de la población a Don Martín Arredondo y Familia Ferrara, que durante mucho tiempo mantenía la economía en una de sus bonanzas, porque Cuatro Ciénegas ha ido pasando por diferentes etapas en donde la crisis económicas a veces se tronaba en desesperación.
También se encontraba Don Arturo Borrego, como serio y emprendedor negociante siendo poco antes de la Segunda Guerra Mundial cuando Don Ramón Cantú Villarreal, logró fincar su riqueza en la explotación de la hierba de la candelilla que servía para procesar la cera utilizada en fines bélicos. Entre sus hermanos Conrado, Feliciano y Federico fueron parte del progreso por aquellos años al trabajar en los campos candelilleros.
Por aquel entonces se vino una importante fuente de empleo para la mano de obra calificada cieneguense, como fue la Compañía Sochule, que a base de la yerba del guayule, fabricaban productos de hule.

Se dice que en Cuatro Ciénegas, llegaron a existir tres molinos para trigo y más de 300 hectáreas sembradas con parras, por el italiano Miguel Ferriño Lander, pionero de la industria vitivinícola en el país, fundador de la empresa la fronteriza en el año de 1800 y desde 1955 se denomina Bodegas Ferriño, aunque antes de la colonización española la región ya contaba con parrones silvestres, se acuerdo a los escritos, frailes jesuitas y franciscanos levantaron viñedos percatándose de la bondad de los productos, variedades como: Rosa de Perú, Tocay, Málaga, Princesa Negra, Moscatel, Alejandría, Morroco, entre otros.
También existieron otros establecimientos donde se producía la preciada uva y se procesaba el llamado néctar de los dioses, como la casita, el Zambrano, el Moraleño, el Baluarte, el Guevareño, la Costeña, el Pozo del Diablo, la bodeguita Ferriño-Charles, el Bartoleño y Romaguera.
De los personajes típicos, se recuerda a Luis González Garza (la Borrega), por su capacidad para bromear, René Soto Galindo (para sus amigos el Huevo) Don Marcos Guajardo, creador de la dinastía de los Guajardo que en su pequeño exprés, vendía la nieve de garrafa en un carretón y su burro el Dólar, Antonio Capetillo y sus dulces de leche con corazón de nuez, como olvidar las limonadas de Don Ceferino Rodríguez y los sabores en nieve de Don Patricio. Mientras por las calles los jóvenes hacían travesuras a folclóricos cieneguenses como el Jarro el Mocho, el Diablo Verde, Germán y Cato Gallinas.
Por algún barrio, el conserje de la escuela Venustiano Carranza, Catarino Armendáriz, persiguiendo a los alumnos que se corrían “la Venada” mientras las tardes para jugar dominó eran clásicas en la Botica de Don Cástulo y en la cantina la oficina de Don Pedro “el Colorado” González, lugares de visita de funcionarios y empresarios, los domingos la barbacoa era vendida por Don Ángel.
De los ex-alcaldes más folclóricos, se recuerda a Don Miguel Guevara Garza, siendo hermano masón que siempre se han caracterizado por ser enemigos de los curas, en cierta ocasión el sacerdote de la localidad no quiso casar a una pareja, por pertenecer sus padres a la fraternidad, por lo que Don Miguel metió a la cárcel al presbítero. A los pocos días llegó a la presidencia un funcionario gubernamental para llamarle la atención al Don Miguel, pero también “salió por piernas”. Cuentan que se usaba en ese entonces y por la ventana el recordado ex-alcalde se lo aventó “de avioncito”.
Don Cástulo Braulio Aguirre Corona (compadre de Don Miguel), se recuerda de ese hombre bonachón que un ebrio consuetudinario de nombre Jesús Carranza, a cada momento lo llevaban a la cárcel pública. Un buen día, el entonces presidente le manda llamar a la oficina para decirle: “Mira Jesús, te debe de dar vergüenza de andar siempre borracho, lástima de apellido que llevas, yo mejor me lo quitaba”.
El clásico borrachín, triste y compungido al escuchar la perorata de Don Cástulo, le dice que sí, que mejor se va a quitar el apellido. –me parece muy acertada tu decisión, ¿ahora cómo te vas a poner?
-¡Aguirre! (sobra decir que Jesús Carranza volvió nuevamente a la ergástula local). De René Soto Galindo (para sus amigos El Huevo) hay varias anécdotas, una de ellas es la siguiente:
En la plaza de armas se localizaba un busto de Don Venustiano Carranza, que durante mucho tiempo ha sido víctima de travesuras de niños y jóvenes.
Una tarde, el recordado jefe de policía, Don Jesús Navarro Chávez detuvo a René, bajo la acusación (sin pruebas), de que le había puesto un cigarro en la boca del héroe revolucionario, y al ser interrogado René por el comandante que le dice:
-¿Quién le puso el cigarro a Don Venustiano?
-Pos yo cómo voy a saber, si cuando pasé ¡ya estaba fumando!
La ciudad siempre ha tenido personas que gustan por impulsar el arte, desde el recuerdo hacia Doña Librada Farías de Arredondo, que deba clases de pintura y piano, mientras en el aspecto musical los hermanos García fundaron su propia orquesta, donde destacaba un virtuoso de violín, don Luis Pérez Quintero.
Se debe destacar que el último conjunto musical de tradición y reconocimiento, fue la orquesta tropical que por más de 45 años dirigió el maestro Ernesto Arévalo Jiménez, donde las estrellas de los metales eran sin duda Don Valentín Martínez Aguilar y Don Hermilo Guevara (trompeta y saxofón), Panchito Gaytán (invidente y todavía vigente en la guitarra) José Arredondo (guitarra) y más tarde se integraría Rodolfo Martínez Pérez así como Antonio de la Cruz, en la batería Antonio Flores (El Moderno).
De los cantantes reconocidos, sin duda brilló con su propia luz, Don Ramón Trejo Garza, reconocido tenor bautizado como el Ruiseñor Cieneguense, así como Armando Villarreal (El Jarro).
Cuatro Ciénegas también tuvo actores porque contó con el desaparecido Teatro Hidalgo, donde alguna ocasión se presentara Manuel Medel, Manolo Fábregas, así como las compañías teatrales de Don Ticho y Delgadillo.
Había artistas locales, de la talla de Renato Flores, Bertha Ramos, Josefina Flores, Roberto Arocha González y muchos más.
Pero tal vez de lo más prolífico, será porque en esta hermosa tierra la comba celeste se encuentra tan cerca que parece tocarse con las manos, por ese motivo los poetas del siglo xx, destacaron por la obra que dejaron.
Lupercio Garza Ramos, Arturo Borrego Moncada, Luis Lauro Martínez, Bonifacio Flores, Víctor Manuel Arocha Flores, Daniel Rodríguez Villarreal y Amador Peña Chávez, forman la familia de bardos que le ha hablado al amor, las mujeres, a su pueblo, al Cerro del Muerto, a los héroes y a sus vientos.
Ginés Nilo de la Garza Palos, a sus 80 años de edad es un libre pensador con más de 15 mil máximas escritas en los últimos 40 años.
Maestros de la talla de María Chapa Flores, Beatriz Fernández Vergara, Ramón Guevara Cisneros, Héctor Ignacio y Pompilio Laurencio Méndez campos, así como Roberto Arocha González, han sido en los últimos 50 años verdaderos educadores de varias generaciones de cienéguenses, son autores de la nueva estirpe.
Tampoco se puede olvidar a muchos mentores que procedentes de Yucatán, Veracruz, Región Laguna y Monclova, han dedicado la mitad de su existencia en la preparación de niños y jóvenes que luego se convierten en profesionistas.
Otros importantes empresarios cieneguenses han logrado mantener el equilibrio económico en la población, en el aspecto ganadero y forrajero, Don Benito González Campos, en la minería se recuerda a Pablo Garza Fernández y en la actualidad a los hermanos Arturo y Fausto Cantú Guzmán que a través de sus hijos proporcionan fuentes de empleo para los cienéguenses, sin olvidar a orica, proyeso, sales coahuiltecas, yeso latino, grupos libra y lo ranchos que contratan campesinos.
También muchas personas han llegado de otras partes para integrarse a la vida cultural, política, social y activa en el municipio, laborando en la creación de su infraestructura, como es el caso de Don Carlos Gutiérrez Grijalva que por espacio de 43 años se dedicó a la construcción de carreteras, contándose entre ellas las de Monclova-Cuatro Ciénegas, Cuatro Ciénegas-Ocampo, Cuatro Ciénegas-San Pedro y otras de la región como en parte del estado.